Tanta cámara de seguridad, y no me siento seguro

Cámaras de seguridad para no sentirse seguro

Los últimos atentados en Bélgica me han vuelto a recordar que no me siento seguro, a pesar del incremento en las medidas de seguridad que se toman por parte de los gobiernos, sobre todo en seguridad digital.

Las cámaras de seguridad de los aeropuertos han servido para recoger o dejar constancia de cómo se produjeron los atentados y los supuestos autores de los mismos, es decir, no son herramientas de prevención a día de hoy o no han servido como tal.

La seguridad preventiva no ha funcionado en esta ocasión o es que la tecnología todavía no está lo suficientemente desarrollada para tal fin.

Por otro lado, nuestras ciudades se han llenado de cámaras de seguridad y dispositivos de vigilancia donde ha predominado la cantidad a la calidad de los mismos, quedando obsoletos e ineficaces en muy poco tiempo. Como siempre, el coste por delante de la efectividad.

Los actuales centros de supervisión de cámaras de seguridad dependen del factor humano en la mayoría de los casos y normalmente son recursos muy limitados o inexistentes, por lo que al final, sólo tenemos grabaciones. Modo pasivo de vigilancia.

¿No está desarrollada la tecnología? Yo creo que sí. Desde sistemas de reconocimiento facial y corporal, e incluso de patrones de comportamiento; cámaras infrarrojas y termográficas, inhibidores de frecuencia, detectores y un largo etcétera de dispositivos combinados entre sí, son tecnologías maduras que mejoran notablemente lo existente.

Gastemos el dinero público de manera eficiente y trabajemos por una seguridad inteligente y preventiva, no tan pasiva, que nos haga, de verdad, sentirnos seguros aunque no lo veamos.

Y de paso, dejaremos de ver horribles videos en blanco y negro con pésima resolución, con mucha peor calidad que la de cualquier cámara de grabación de tráfico dentro de un coche ruso cualquiera.


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