Una vida conectada en el internet de las cosas

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Imagínese por un momento cómo era la vida sin el móvil que lleva en el bolsillo. ¿Podría volver a ella? Es más: ¿querría volver a ella? La pregunta tiene su aquel, ya que en más de un momento todos habremos dicho aquello de “con lo bien que vivía sin móvil”. Pero siendo sinceros, probablemente la mayoría de ustedes solo muestren con la cabeza una firme negativa.

Internet en el bolsillo nos ha cambiado la forma de vivir y de comunicarnos. Ahora tenemos en la palma de la mano la posibilidad de hablar con familiares y amigos, informarnos, escuchar música, ver series y películas y hasta ver el partido de nuestro equipo favorito (a no ser que juegue la jornada de la Champions). Todo sin encender un PC ni estar sentado en el escritorio de nuestro hogar o puesto de trabajo. ¿Lo cambiaría seguro?

Ahora nos toca una segunda revolución. El internet de las cosas, un concepto que llega mucho más lejos de las pretensiones de su predecesor en el cargo: la domótica. Con la domótica, el satisfecho usuario doméstico podía dar órdenes al hogar como bajar la persiana, encender luces o calefacción e incluso programar grabaciones de programas de televisión. La idea de lo que llamamos el internet de las cosas (Internet of Things, en inglés) es que cualquier objeto cotidiano tenga conexión a la red: las zapatillas, el frigorífico, la maquinilla de afeitar, la ducha o hasta la cama en la que se duerme.

La diferencia con la domótica es simple y a su vez compleja: dotar a los objetos de inteligencia artificial. Si se acuerda, seguro que sí, hace varias semanas escribimos sobre ello, por lo que no es objeto de este artículo repetir lo que ya hemos hablado recientemente. Simplemente, nuestro cometido con estas líneas es abrirle los ojos con lo que podría ser una vida conectada, la conversión de la vida física en digital.

Por las mañanas, el despertador ha sido sustituido por el móvil. Nuestro terminal es quien no despierta frecuentemente día a día. No obstante, el despertador podría tener nueva vida con una conexión a internet y todo lo que le rodea. Además de dar la hora (que podría mostrar diferentes pieles según la estación en la que nos encontremos o en otras variables), el despertador podría gozar de una conexión con nuestro móvil, en el que de manera inteligente nos despertara por las mañanas. Incluso podría tener la ruta diaria al centro de trabajo y sonar a una hora determinada, teniendo en cuenta el tráfico reinante o si, por ejemplo, tenemos que usar nuestro vehículo personal o el transporte público.

¿Cómo sabría el despertador que opción de transporte elegir? Sencillo: nuestro coche también tendría conexión a internet, por lo que ya habría informado a la nube (donde se encuentra también el despertador) que se encuentra en el taller en una urgente reparación. Así, el reloj podría haber configurado una nueva alarma con la situación reinante en la actualidad.

Es probable que usted se levante también cada mañana para hacer algo de ejercicio. Unas zapatillas conectadas podrían calcular la cantidad de energía y calorías consumidas en la carrera diaria, y se encargaría de diseñar un plan estratégico de ejercicio, dependiendo de las estadísticas subidas a la ya mencionada nube.

Una nube en la que también estaría conectada nuestro siguiente objeto: el frigorífico. Con los datos obtenidos en las zapatillas, nuestra comúnmente llamada nevera llevaría el cálculo necesario para la dieta semanal, lo que facilitaría además la compra. Es que además, el propio frigorífico sería el encargado de mandar un mensaje a nuestro móvil cuando detectara nuestra presencia en un supermercado con la lista de la compra, siempre dependiendo de lo que tenga en esos momentos dentro de su habitáculo.

Si hablamos de los vehículos, estos ya tienen cierta conexiones que nos facilitan algo la vida. Evidentemente hablamos del GPS, pero qué ocurriría si además nos informara del tráfico o del tiempo. ¿Y si se comunicara con los demás coches en la carretera y evitaran en la medida de lo posible esos atascos mañaneros que tanto nos irritan? Las posibilidades en el transporte son infinitas, ya que si hablamos del público, además del tiempo que tenemos que esperar al siguiente autobús o tren, nos podría indicar el mejor vagón para entrar, la capacidad del mismo o si hay algún asiento libre.

La importancia de la limpieza bucal en nuestra salud es básica. El instrumento que utilizamos para ello, el cepillo de dientes, bien podría detectar si existe algún problema, y con conexión directa con nuestro médico concertar una cita y enviarle los datos precisos para que el odontólogo sepa incluso antes de llegar a qué se tiene que enfrentar.

Como puede ver, el internet de las cosas no solo va a cambiar la vida a los que se conectan, sino que se dispone a cambiar el mundo en el que vivimos. Se calcula que para el año 2020, serán entre 20 000 y 50 000 millones los objetos “vivos” en la red. Nos ayudarán en nuestras tareas y para ello se comunicarán unos con otros para que a los humanos la vida nos resulte más sencilla. Pero no solo eso: la industria tecnológica ya está orientando sus miras a este concepto que pronto nos rodeará a todos. El futuro no se acerca, ya lo hemos alcanzado.


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