La inteligencia artificial frente a la legislación europea

La inteligencia artificial está cambiando no sólo Internet, también las reglas del juego. Inspirado en las redes neuronales del cerebro humano, la inteligencia artificial es capaz de aprender todo tipo de tareas mediante el análisis matemático de una gran cantidad de datos.

Inteligencia artificial

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Tareas como el reconocimiento facial o la traducción de textos de otro idioma ya no son un misterio, pero eso es sólo el comienzo, ya que hay tantas funcionalidades como tareas por aprender. Las grandes empresas, como Google o Facebook, conocen este potencial, algo que ha llevado a la Unión Europea a preguntarse dónde está el límite y que políticas de control es necesario implementar.

Evitar un enfrentamiento es básico para esta tecnología que ya permite, por ejemplo, a Facebook, implementar en sus máquinas un sistema de aprendizaje que pone el foco en la información personal del usuario, analizando la totalidad de los datos recibidos con el fin de tomar mostrar la información adecuada, una tarea complicada incluso para los expertos que genera ciertos interrogantes.

En un artículo publicado en Wired, Viktor Mayer-Schönberger, experto en la materia de la Universidad de Oxford y asesor en la elaboración de la nueva legislación sobre Internet en Europa, señala que todo aquello que tiene que ver con la inteligencia artificial es “abierto a interpretaciones”. La gran pregunta es saber cómo este complejo proceso neuronal tiene su referente artificial y cómo se articulan las redes neuronales artificiales que se generan.

Conflictos éticos, morales y legales

La legislación actual prohíbe el uso de todo tipo de técnicas que afectan significativamente a los ciudadanos, incluyendo aquellas que recopilan información personal sobre situación laboral, económica, en referencia a la salud, preferencias personales, intereses, fiabilidad, comportamiento o ubicación e incorpora el llamado “derecho a la explicación“, que permite a los ciudadanos saber cómo un servicio en particular ha tomado una decisión algorítmica particular.

La UE está vigilando el modelo de negocio de grandes empresas, entre ellas Facebook o Google, que aplican este tipo de técnicas de aprendizaje basados en datos personales y los implementan en sus sistemas. En su día fueron requeridos para que dieran explicaciones al respecto, pero ninguna de las dos empresas emitió respuesta alguna.

Godman señala que es necesario controlar a todos los actores de este proceso, tanto empresas como instituciones oficiales, ya que hablamos de un tipo de tecnología que puede llegar a afectar desde el pago con una simple tarjeta de crédito a los datos que tengan las compañías de seguros. La razón está en que los tribunales europeos tienen difícil catalogar este tipo de actuaciones como delictivas, ya que el análisis matemático de la información recibida y su automatización va más allá de un simple delito tecnológico.

Según Godman, Internet se mueve hacia la automatización cada vez más profunda y con un uso cada vez más extendido e intensificado, lo que conlleva un proceso de toma de decisiones por parte de las máquinas cada vez más sofisticado, basado en complejos algoritmos que según algunos expertos llegan a ser cercanos a la lógica aplicada por los seres humanos. De ahí que resulte necesaria la definición de una regulación que contemple todos los parámetros, para que al debate sobre el uso o no de información y su aplicación tecnológica no traspase los límites de la ética y la razón humana.

Un interesante dilema que pone en jaque a grandes empresas y stratups. Algunos expertos ya han señalado que no se puede dejar a las máquinas tomando decisiones de tipo moral. No quiere decir que sean mejores o peores, pero “las máquinas nunca serán humanas”. Según Chris Nicholson, CEO y fundador de Skymind “controlarlo no es imposible, pero es complicado”.


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