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El increíble caso de Flappy Bird

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Esta pequeña historia acerca de Flappy Bird nos puede hacer reflexionar sobre lo ¿inescrutable? del éxito en las tiendas de aplicaciones.

Hace pocos días, el creador del juego Flappy Bird, el vietnamita Dong Nguyen, ha anunciado que está trabajando en una nueva versión de este juego, que se hizo popular hace un par de meses y que tiene una historia de lo más increíble, llegando a generar 50.000 Dólares al día a su creador en publicidad. El anuncio de su reinserción en las tiendas de aplicaciones posiblemente no sea el último episodio de esta historia.

Todo empezó en mayo 2013, cuando su creador publicó el juego. Se trata de un sencillo juego, relativamente adictivo y sobre todo muy difícil, en el que un pájaro va sobrepasando tuberías al mejor estilo Mario Bros. Nada más. Cualquiera lo puede jugar y entender.

No fue hasta Noviembre cuando empezó a subir como la espuma. Se han dado montones de explicaciones distintas a esta viralidad: Se ha acusado (con datos) al creador de haber usado máquinas para engañar a los sistemas de ranking de Apple y Android y para crear los comentarios, o de ocultar acciones de puntuación del juego en las tiendas en el botón de ‘juega otra vez’. Se ha hablado del efecto tormenta perfecta que pueden producir un par de artículos en el momento adecuado y en los medios adecuados, alabando o denigrando el juego en cuestión. Incluso hay videos en Youtube donde los usuarios amenazaban al creador por hacer un juego tan adictivo y tan difícil.

En medio de esta masiva polémica acerca de cómo un juego tan simplemente simple podía contar las descargas por decenas de millones, el creador dio un increíble golpe de efecto. Decidió eliminarlo de las tiendas de aplicaciones a principios de febrero, debido a que le preocupaba el nivel de éxito que estaba teniendo, alegando que le podía la culpa, que no le dejaba dormir por las noches el que su juego, que se suponía de diversión, se estuviera convirtiendo en adicción. Lo anunció mediante un sencillo Tweet: “Lo siento usuarios de “Flappy Bird”, en 22 horas daré de baja Flappy Bird. No puedo soportarlo más”

Esto catapultó aún más al desarrollador, un chico que ni siquiera le había dicho a sus padres acerca del juego antes de todo este éxito (los padres se enteraron prácticamente por la prensa), y que llegó a reunirse con el viceprimer ministro vietnamita.

En Febrero se multiplicaron los artículos, explicaciones (la mayoría a posteriori claro) del éxito del juego. Se empezaron a vender en eBay iPhone e iPads con el juego instalado por varios miles de dólares (algunas fuentes hablan de decenas de miles), ya que no era posible conseguirlo. De los 293 nuevos juegos que aparecieron el 27 de febrero en la App Store, 95 eran clones de Flappy Bird. Cada uno con las características de juego idénticas, pero con apariencia distinta.

Esta historia me da que pensar en cómo se pueden manipular, voluntaria o involuntariamente, los criterios de clasificación de estas tiendas de aplicaciones, donde quizá pensemos que por el volumen de las mismas nos encontramos ante sistemas mucho más democráticos. Además el sistema es del tipo ‘el ganador se lo queda todo’, ya que una vez que estás arriba te encuentras con muchísima mayor visibilidad y por lo tanto muchísimas más descargas.


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