Otro frente abierto en la guerra de los smartphones: la automoción

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Dos anuncios importantes se han producido en los últimos meses que muestran cómo la guerra de sistemas operativos se está llevando a cualquier objeto susceptible de incluir inteligencia y poder ser apodado ‘smart’. En este caso nos referimos a la automoción. Apple ha anunciado su concepto CarPlay en marzo de este año. Su propuesta consiste en una interacción automática entre los iPhones (a partir del iPhone5) y los sistemas nativos del vehículo, ajustando aplicaciones al entorno de la conducción y apoyándose en la unidad central del coche y su pantalla. En junio de este año, Google ha anunciado básicamente lo mismo pero para dispositivos Android, denominado Android Auto. Ambos han anunciado un listado de fabricantes de automóviles que incluirán su tecnología y en ambos casos, 8 de los 10 fabricantes principales se incluyen en sus listas de acuerdos.

Además de estos acuerdos de colaboración con los fabricantes de automóviles, otras soluciones de fabricantes como Pioneer proponen una solución Over The Top usando las propuestas de Apple y Google, sin implicación directa de los fabricantes de coches.

Esta guerra tiene de especial que entra en un terreno, el del vehículo, donde los fabricantes han sido siempre muy cuidadosos con el control de la experiencia de conducción, y por lo tanto muy reacios a no controlar toda la tecnología, en aras de la seguridad y la responsabilidad. Pero este escenario no es sostenible, no pueden ignorar la evolución del mercado y cómo el ‘estilo de vida smartphone’ no deja ningún artefacto fuera de su radio de acción. Las decisiones de compra de vehículos están crecientemente influenciadas por la tecnología que incluye, cada vez más se considera una commodity la experiencia de conducción. Parece que la sociedad digital valora más que se puedan mantener el estilo de vida digital dentro del coche que una aproximación tradicional al automóvil.

La situación es muy similar a la que tenían las Telcos y los fabricantes ‘tradicionales’ poco antes de la disrupción que supuso el iPhone. En la automoción no existe un ecosistema de desarrolladores para los vehículos, hay una fragmentación muy alta en los entornos y sistemas operativos usados, hay pocos incentivos para la inversión y la innovación de terceras partes, hay un control total de los fabricantes y no hay modelo de negocio claro para los desarrolladores. Y eso que el mercado potencial es muy jugoso: Hay en la actualidad más de 1.000 millones de vehículos en el mundo, y Gartner prevé que para 2020 el 80% de las nuevas ventas de vehículos ofrecerán interfaces para generar aplicaciones.

Los fabricantes de coches se encuentran ahora en el dilema de apuntarse a la apertura del ecosistema y acelerar su implantación, pero participar en los beneficios, o resistirse a su despliegue quedando fuera de muchos de los flujos económicos. No parece muy realista que puedan realizar propuestas que compitan en frescura y opciones con los ecosistemas móviles. Un coche tiene una vida útil mucho mayor que un móvil y es muy probable por tanto que el conductor tenga un móvil más avanzado que su coche si ambas tecnologías no progresan a la misma velocidad.

Si consideramos el móvil como el mando a distancia de nuestro estilo de vida digital, el coche se convertirá en otro de los periféricos gestionables por nuestro smartphone. La duda es quién liderará el mercado.

Imagen generada con recursos de Freepik


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