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Cuando seguridad no es sinónimo de privacidad en las comunicaciones

Actualmente existe gran cantidad de aplicaciones de mensajería instantánea en el mercado. La mayoría de ellas ofrecen un servicio gratuito o prácticamente gratuito y en ocasiones resulta un verdadero misterio saber cómo logran sustentar su negocio.

llamadas en WhatsApp

Estas empresas de Internet, como el resto de empresas, tienen unos costes que deben sufragar de alguna manera. Grosso modo, algunos de los costes mínimos son los derivados del mantenimiento y uso de servidores, la programación y actualización de las plataformas, la corrección de ‘bugs’ (errores de software) e implementación de medidas de seguridad constantes, el servicio de asistencia en caso de problemas/incidencias del servicio, etc. Un servicio bueno supone por tanto un coste elevado para estas empresas. Muchas empresas de Internet han cubierto estos mediante el pago por adquisición de licencias de software. Sin embargo, cuando el producto no supone un coste directo para el usuario generalmente se utilizan vías alternativas, tales como el uso de los datos personales del mismo.

Por tanto, los datos personales de los usuarios son una vía de ingresos para las empresas ya que mediante la gestión de los mismos éstas pueden ofrecer a los usuarios publicidad relacionada con sus gustos e intereses, o incluso vender esta información a terceras empresas.

Así pues, la gratuidad de una aplicación de mensajería instantánea debería anular cualquier expectativa de privacidad del usuario ya que, de forma evidente, el usuario debe costear los gastos que conlleva el servicio utilizado. La responsabilidad de elegir canales de comunicación adecuados recae sobre el profesional y eventualmente sobre la corporación en la que presta sus servicios.

Estos últimos años, la mayoría de aplicaciones de mensajería instantánea ha incrementado de forma sustancial la seguridad en las comunicaciones. Ello ha contribuido a evitar que ciberdelincuentes y gobiernos accedan de forma indebida a las comunicaciones de los usuarios. Efectivamente, la seguridad (y con ello, el cifrado) es un elemento fundamental en las comunicaciones pero no debemos olvidar que la implementación de medidas de seguridad sólo representa un aspecto en la Ley Orgánica de Protección de Datos.

Por tanto, el hecho de incorporar robustas medidas de seguridad como un cifrado robusto en la comunicación no significa de facto que sea conforme con la normativa de protección de datos. Es decir: no conlleva el cumplimiento de la normativa de protección de datos y no debería asumirse la privacidad en la comunicación. Seguridad no es sinónimo de privacidad. Este aspecto únicamente se cumple si la app demuestra de forma efectiva el cumplimiento del derecho a la intimidad y a la protección de datos en su totalidad. En la mayoría de apps de mensajería instantánea desconocemos qué se hace exactamente con nuestros datos y cómo se gestiona nuestra información. Existe opacidad y falta de transparencia sobre dónde van a parar los datos, cuánto tiempo se conservan y con qué finalidad se van a utilizar. Muchas aplicaciones realizan transferencias internacionales de información a países que no ofrecen un nivel adecuado de protección. Esto es especialmente preocupante según qué tipo de datos se manejen, como por ejemplo, información sensible o confidencial entre abogado-cliente o médico-paciente.

La normativa de protección de datos busca conciliar tanto la seguridad como la privacidad. Dichos términos pueden parecer sinónimos en un principio, pero revisten de notables diferencias. La privacidad en las aplicaciones de mensajería sólo existiría en el caso de que éstas pudieran demostrar de forma efectiva garantías sobre el cumplimiento del derecho a la intimidad y el derecho a la protección de datos, en su totalidad.


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